sábado, 11 de enero de 2014

Un día con un peligroso amigo el "Desanimo"

Lo siguiente se divide en tres partes: ¿cómo se convive con el desanimo?, ¿cómo se despide del desanimo? y algunas consecuencias de haber convivido con el desanimo. 

Termina una semana laboral tranquila, cansada pero profundamente provechosa, protegidos por la mano divina que nos oculto de la violencia, enfermedades y accidentes automovilísticos, no fue muy rutinaria la jornada y nos espera un buen fin de semana en familia, lo anterior suena muy bien sin embargo llega de forma inesperada la visita del desanimo, con su forma suave de querer formar amistad comienza a llenarnos el ambiente de tristeza y de forma sutil asegurándonos que algo no esta bien y que algo nos falta, nos inyecta la idea de querer salir del ciclo común o propósito diario, sin razón alguna se ha presentado.


Todo es insípido, las palabras con los demás, la convivencia y lo mas delicado enfrentar desanimado las responsabilidades no es sencillo. Sentimos muy extraño todo pues no somos así "débiles" ni "llorones" es mas, nos gusta publicar en nuestras redes sociales y blog los estados y pensamientos positivos motivacionales hasta evangelísticos, llegado el desanimo nos sentimos hipócritas con nosotros mismos y mentirosos ante un buen numero de amigos, familiares y conocidos que se sorprenden al saber que queremos tirar la toalla, no queremos seguir en el camino, simplemente abandonar la identidad para descansar cobardemente es la mejor idea.
Ademas de los consejos de los demas, las palabras alentadoras viene la pregunta ¿Porque estamos así? 

La respuesta y el porque de ese momento perdedor nunca la tenemos, la solución es difícil pero a la vez sencilla, solo necesitamos aceptar que nos hace falta carácter, dominio propio y dejar de lado todos los comentarios, criticas y hacer todo con una finalidad, sentirnos únicos, valorar los regalos hasta ahora recibidos por la vida, amar a nuestros familiares y amigos y volver a ver la Cruz.

Lo que queda es una vergüenza por desperdiciar nuestro tiempo en algo insignificante, despedirnos del desanimo  a  quien probablemente volveremos a encontrar pero sabremos tratarlo y que en lugar de debilitarnos nos fortalezca y nos muestre que aun falta mucho camino, aun falta mucho trabajo, aun falta mucho por escribir.

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