Para los que aman.
Decimos amar, más sin embargo la primera oportunidad de equivocarnos y lastimar a alguien no la desaprovechamos, prometemos fidelidad más con un mensajito de texto o vía Facebook hace que toda nuestra mente y deseo cree un ambiente futuro de momentos dulces pero ilícitos y secretos. Nos dejamos rodear de sermones y predicaciones más la palabra de Dios entra a nuestra mente y aunque parezca imposible no se queda en nuestro corazón, decidimos servir por amor a Dios más nuestra carne trata de pavonearse exhibiendo con egocentrismo nuestras habilidades o nivel económico.
Que nos pasa? Dónde están esos momentos en que éramos felices, donde esta esa alegría que teníamos al estar en la casa de Dios, donde se quedó todo ese amor que se le juro y prometió a la pareja.
Nunca recibí amor puede decir aquel corazón lleno de amargura, nunca recibí un abrazo puede asegurar el enojado, mi padre siempre tuvo amantes puede gritar el infiel; más todos le podemos decir: Quieres cambiar? y aprender amar? pues la solución es que busquemos aquel cuyo amor es su esencia, busquemos aquel cuyo sobrenombre es misericordia, busquemos y volvámonos a aquel cuyo sacrificio en la cruz es prueba suficiente de amor y fidelidad.
Porque no? determinémonos a cambiar nuestro entorno en busca de lo más importante que es el amar a nuestro prójimo, dejar de lado nuestras diferencias y sentirnos orgullosos de ser parte de la gran familia de Dios. Amar de corazón no hipócritamente sino con un corazón que esté lleno de Dios.

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